Saturday, September 22, 2012

La guerra sucia


Abel Ibarra

“El adjetivo, cuando no da vida, mata”, decía el poeta Vicente Huidobro. Tal ocurre en el caso de la “guerra sucia”, una contradictio in terminis, un oxímoron, porque nadie puede imaginar ninguna guerra, siempre manchada de sangre y pólvora, como un intercambio de flores inocentes.
 
El gobierno de Hugo Chávez, afincado en su afición por el terror, lanzó aquella consigna fatídica de “Patria, socialismo o muerte”, y, ahora, aturdido por el vértigo de un régimen que toca a su fin, no tiene más remedio que apelar a su expediente de podredumbre para tratar de enlodar infructuosamente la campaña luminosa que ha puesto a Henrique Capriles Radonski en el camino de la victoria.
 
El gobierno sacó del estiércol a Didalco Bolívar (ex gobernador del estado Aragua con un prontuario policial negociable), a objeto de mancar políticamente a Ismael García, su ex compañero de luchas y parece que ex compadre, al prestarse para soplar un vendaval de acusaciones a cambio del perdón a sus desafueros como funcionario público. Didalco, prevalido de su desvergüenza y de los vicios que ostenta como virtudes el Consejo Nacional Electoral, obtuvo siglas y símbolos del partido como el borracho que entrega su honra por una botella vacía. Por su parte, Ismael continuó en la pelea contra este régimen patibulario que no ve más que paredones y cadalsos en su camino a la derrota.
 
Luego utilizó a otro reo de complicidad y sevicia, David de Lima, ex gobernador de Anzoátegui, también a cambio de condonarle la deuda que tiene con el país, por el desmadre administrativo que causó mientras se hizo del poder con su bandera de barco pirata. De Lima se puso a explicar asuntos que poco comprende del programa económico de la Mesa de la Unidad Democrática, cuando las únicas economías que él entiende son las que hizo de manera fraudulenta cuando pasó, con nocturnidad y valimiento, por las arcas del estado donde gobernó a guisa y manera de su voracidad.
 
Pero el camino a la democracia quedó libre de polvo y paja porque ni rasguños le causó el enredijo. Aún flota en el aire la queja de Aristóbulo Istúriz cuando dijo que Chávez se había fumado una lumpia porque despojó a William Ojeda de la candidatura del PPT a la Alcaldía de Petare. William Ojeda se pasó con armas y bagaje a las filas de la oposición y ahora ha vuelto al redil repitiendo el libreto de David de Lima por 300 mil dólares.
 
Tampoco se le entendió, pero le pasó el testigo en este relevo de impostaciones a Hermán Escarrá, quien, luego de ser palafrenero ideológico del chavismo en la Asamblea Nacional Constituyente, se vino a la oposición porque Chávez no lo nombró presidente del organismo. Escarrá regresó a la falda de su madre constituyente con unos balbuceos de 50 mil dólares. Sin embargo, el gobierno se dio cuenta de que toda esta guerra de descrédito contada en tramos de perversión cayó en saco roto, cuando, tajantemente, Capriles condenó la acción ilícita del diputado Caldera al recibir dinero de un usurero de la política como un tal Ruperti, de cuyo nombre no quiero acordarme.
 
Y, como la poesía está antes y después de todo porque según San Juan “en el principio fue el verbo”, vale Rubén Darío para despejar el camino: “Ya viene el cortejo, ya viene el cortejo, ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivos reflejos, ya viene el cortejo de los paladines”.

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