Sunday, September 23, 2012

ÚLTIMOS EN LIBERTAD ECONÓMICA

Formato del Futuro…
 
Egidio Luján Nava
Director FEDECAMARAS Sector Pecuario

No podía ser de otra manera. Luego de once años de intensa y continua agresión antiempresarial, bien por la vía legal, el verbo incendiario, el desconocimiento del derecho de propiedad y la expropiación de bienes productivos particulares, Venezuela ha terminado ocupando el último lugar del mundo en libertad económica. 

Lo dicen el Fraser Institute de Canadá y el Cato de los Estados Unidos en su último Informe de Libertad Económica en el Mundo 2012. Recordando, de paso, que a esa posición ha llegado el país después de un bajón que se inició paulatinamente cuando no fue capaz de evitar el “viernes negro” en 1983, impedir caer en la licuadora histórica cargada de desajustes fiscales, cambiarios, monetarios, con sus respectivos condimentos de rentismo petrolero, populismo y corrupción, hasta cerrar su ciclo con una activación gerencial militarista.

Con tan relevante como trascendente ubicación global, desafortunadamente, Venezuela se incorpora ahora a las agendas de los inversionistas de cualquier parte de la aldea productiva mundial, como un espacio momentáneamente inconveniente para asumir ningún riesgo financiero. Salvo en el ámbito petrolero, y de acuerdo a las peculiares condiciones con las que, desde las altas instancias públicas de la citada nación tropical, se pautan las alianzas o asociaciones matizadas por exaltaciones al histórico valor de la soberanía nacional.

Realmente, lo que describen estos prestigiosos Institutos, es la fase final de lo que, poco a poco, ya habían venido describiendo en sus análisis de los últimos años, las más reconocidas calificadoras de riesgo de los Estados Unidos, Europa y Asia. Y que, de igual manera, se había hecho sentir en el tradicional perfil riesgo-país, con todas sus costosas implicaciones en el mundo de las finanzas, además de las inevitables comparaciones con el resto de los petro-estados asociados de la OPEP, por su comportamiento macroeconómico.

En el penoso, como vergonzoso lote de países sin Libertad Económica, Venezuela comparte posiciones por debajo de Birmania y Zimbabue. Y aun cuando, internamente, especialmente a nivel gubernamental, se subestima la trascendencia de esa costosa ubicación, entre aquellos países y organismos internacionales que acreditan la seriedad de lo que se expone, lo peor de lo peor es que el otrora país modelo democrático del Continente Latinoamericano, “tiene el menos democrático, más autoritario y más corrupto Gobierno de la región”. Con el añadido acusador de que, si existe un hecho relevante, sobresaliente para que eso suceda, es, por supuesto, el avance del Estado como dueño de empresas, la tasa de inflación y las restricciones para el intercambio comercial. Inclusive, “las empresas del Gobierno llevan a cabo el 56% de las inversiones en Venezuela, desplazando al sector privado”.

Sin embargo, no deja de ser una realidad paradójica, por lo que llama la atención en alto grado, es que la identificación de Venezuela ocupando esos roles, se produzca coincidencialmente con el momento político interno, cuando más de 18 millones de ciudadanos venezolanos -debidamente facultados por la vigente Constitución de la República para tales fines- podrán decidir el 7 de 0ctubre si respaldan la reafirmación de una conducta gubernamental capaz de continuar por ese mismo rumbo. 0 si, por el contrario, se anotan a favor de una nueva administración que le permita a Venezuela reencontrarse con la civilización económica global.

La cuenta regresiva hasta que se produzca ese evento histórico, avanza inexorablemente. Y se da mientras, por otra parte, se suscita un encadenamiento de hechos que están generando serias repercusiones en el sistema de vida de la población, y que ella, en parte, los asocia con cada uno de los motivos que el Fraser Institute de Canadá y Cato identifican como razones para que no haya Libertad Económica en el país.

Es cierto, una importante expresión de esa misma población reniega de la posibilidad de cambios, con respecto a lo que el país ha venido registrando como rectoría económica, social y política durante las últimas tres décadas. No obstante, ella hoy es, asimismo, la protagonista del alto número de protestas sociales que se dan a diario en todo el territorio nacional, y cuya totalidad pudiera estar cerrando el año en curso con 3.000 eventos de este tipo en las vías públicas. Por lo que no son pocos los estudiosos de ese fenómeno social, que le atribuyan a dicha negación al silencio un rol determinante de lo que sucederá en el territorio nacional dentro de 14 días.
Hasta que eso suceda, la antesala compromete al liderazgo social, económico, político, religioso, académico y cultural, a internalizar su pensamiento y reflexiones con respecto a las implicaciones del evento comicial, su resultado y el futuro de la Venezuela que reniega de la posibilidad de vivir bajo un régimen distinto al democrático. Ya que tal negación, sin duda alguna, es, a la vez, un reto a la fría evaluación de los momentos vividos, de las causas que los provocaron y a la necesidad de sumar esfuerzos encaminados a impedir la reedición de lo sucedido.
En otras palabras, de lo que se trata no es solamente  de cambiar un gobierno y una cuestionable forma de gobernar. También de contribuir a erradicar las causas que trajeron al país a la situación que hoy está viviendo, y muchas de las cuales se fortalecieron durante los últimos catorce años de improvisación y aventura grupal en el ejercicio del poder.

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